Esa gente que busca y no te encuentra le está comprando a otro. Cada semana.
Yo hago que te compre a ti.
Dime qué quieres conseguir y te propondré soluciones que ni siquiera sabes que existen.
Cuéntame tu situación→Busca en Google lo que tú vendes, como lo buscaría un cliente que no te conoce.
¿Quién sale? ¿Sales tú… o salen ellos?
Eso mismo hace cada persona que hoy necesita lo que tú haces. Busca, escanea, entra en uno o dos resultados, y compra. No mira quién lleva más años. No pregunta quién trabaja mejor. Le compra a quien aparece.
Tú haces exactamente igual cuando buscas un fontanero.
Cómo apareces cuando te buscan importa más que tus 15 años de oficio. Injusto, sí. Y va a seguir siendo así mañana.
No vendo páginas web. Tampoco tiendas online, ni aplicaciones.
Vendo una sola cosa: que te escriba gente queriendo comprar.. Un dato que puedes contar cada mes, sin informes raros que no entiende nadie.
La herramienta — una web, una tienda, una aplicación, o algo que aún no te imaginas — la decidimos después de entender tu negocio. Nunca antes. Por eso todos mis proyectos empiezan igual: por las preguntas, no por el diseño.
Un mes entendiendo tu negocio: qué vendes, a quién, qué hace tu competencia y por dónde se te escapan los clientes. Terminas con un plan concreto — que es tuyo, lo ejecutes conmigo o con quien quieras.
Construyo la solución del plan, con fechas firmadas por los dos y pago por tramos. Tu única obligación: entregar tus materiales a tiempo. La mía: todo lo demás.
Si estos números no encajan con tu momento, ningún problema — mejor saberlo ahora que después de tres reuniones.
Si necesitas algo para dentro de dos semanas, no soy tu persona.
Te haré muchas preguntas sobre tu negocio antes de diseñar nada. No construyo a ciegas.
Desconfía de quien te lo garantice.
Un solo dato: cuánta gente te escribe cada mes queriendo comprar.
Y esa es la mejor noticia de esta página: quien te coge el teléfono es quien construye tu proyecto. Por eso cojo tres proyectos a la vez, no cuarenta.
Voy a ser claro: estás hablando con alguien que arranca.
No tengo una cartera de doscientos proyectos que enseñarte.
Tengo otra cosa: tu proyecto no será mi plantilla número 201. Será el que reciba toda mi atención, porque en él me juego mi nombre.
Aprovéchate mientras dure.
Una llamada de 20 minutos.
Tú me cuentas tu situación; yo te digo si puedo ayudarte y cómo. Si no puedo, te lo digo igual de claro.